En los pueblos de Las Merindades, donde todavía se escuchan los cencerros y el reloj del campanario marca el ritmo del día, hay algo nuevo que despierta la curiosidad y rompe la rutina. Es La Divulgoneta, una furgoneta repleta de experimentos, pantallas, cables y sonrisas que recorre los caminos del norte de Burgos acercando la ciencia y la tecnología al medio rural.
El proyecto tiene un objetivo sencillo pero poderoso: demostrar que la innovación no es un lujo urbano, sino una herramienta que puede y debe llegar a todos los rincones. Allí donde muchas veces no hay museos de ciencia, ni laboratorios, ni centros tecnológicos, La Divulgoneta aparca en la plaza o junto al colegio y convierte cualquier lugar en un espacio de descubrimiento.
Dentro de ella viajan materiales educativos, pequeños robots, impresoras 3D, experimentos de energía y luz, y un equipo de personas que explican la ciencia de forma cercana y divertida. Niños y niñas aprenden jugando cómo funciona un circuito eléctrico, cómo se programa un robot o cómo la tecnología puede ayudar en el campo y en la vida diaria. Para muchos, es la primera vez que tocan algo así, y lo hacen en su propio pueblo, sin tener que desplazarse decenas de kilómetros.
Lo bonito de La Divulgoneta es que no solo enseña tecnología, sino que despierta confianza. Hay mayores que se acercan por curiosidad y terminan aprendiendo a usar una aplicación, padres que se sorprenden al ver a sus hijos construir algo por sí mismos, y profesores que descubren nuevas formas de enseñar. Todo ello crea un ambiente contagioso de entusiasmo y comunidad.
Este tipo de proyectos muestran que la lucha contra la despoblación también pasa por la educación tecnológica. Si los jóvenes ven que en su entorno rural también se habla de robótica, programación o ciencia aplicada, entienden que el futuro no está solo en las ciudades. Aprender en su propio territorio refuerza el arraigo y la autoestima de los pueblos, que dejan de ser “lugares que se apagan” para convertirse en “lugares donde pasan cosas nuevas”.
La Divulgoneta no necesita grandes discursos: necesita caminos abiertos, pueblos receptivos y apoyo institucional para seguir rodando. Es una prueba de que el progreso puede viajar sobre ruedas, que el conocimiento se puede compartir sin pantallas de por medio y que, a veces, la mejor tecnología es la que llega con una sonrisa y ganas de enseñar.
Quizás dentro de unos años, cuando se hable de innovación rural, se recuerde que en Las Merindades una simple furgoneta ayudó a encender una chispa. Y que esa chispa, encendida entre montañas y valles, iluminó algo más que circuitos: iluminó el futuro de todo un territorio.
